El cerebro humano continúa madurando hasta alrededor de los 24 años
El cerebro no termina de desarrollarse al finalizar la adolescencia. Un nuevo estudio internacional revela que la corteza prefrontal humana continúa experimentando importantes cambios celulares y moleculares hasta aproximadamente los 24 años, momento en el que entra en una etapa de mayor estabilidad.
La investigación, publicada en la revista Nature, construyó uno de los mapas celulares más detallados realizados hasta ahora de la corteza prefrontal dorsolateral, una región relacionada con funciones como la planificación, la toma de decisiones, el razonamiento complejo y el control de los impulsos.
Más de 1.3 millones de células analizadas
El equipo del consorcio internacional PsychAD estudió 1,307,674 núcleos celulares procedentes de 284 donantes sin enfermedades psiquiátricas o neurodegenerativas conocidas.
Las muestras cubrían prácticamente toda la vida humana, desde los primeros meses hasta los 97 años.
El objetivo era observar cómo cambia la actividad genética de diferentes tipos de células cerebrales con la edad.
Los investigadores identificaron ocho grandes clases celulares, entre ellas neuronas excitadoras e inhibidoras, astrocitos, microglía y oligodendrocitos.
Los 24 años aparecen como un punto de inflexión
Uno de los resultados más llamativos es que alrededor de los 24 años ocurre un cambio importante en la composición celular de la corteza prefrontal.
Hasta ese momento, muchas poblaciones neuronales y gliales continúan reorganizándose. Después, la mayoría entra en una etapa de relativa estabilidad que se mantiene durante buena parte de la edad adulta.
Esto no significa que una persona sea “inmadura” hasta cumplir exactamente 24 años ni que el cerebro deje de cambiar después de esa edad.
El resultado se refiere específicamente a patrones celulares y de expresión genética de una región concreta del cerebro, no a una frontera absoluta de madurez psicológica.
Tres grandes etapas del cerebro
El estudio identifica tres grandes fases.
Durante el desarrollo temprano existe una intensa remodelación neuronal. Después aparece una etapa de mayor estabilidad durante la vida adulta.
A partir de aproximadamente los 60 años, vuelve a producirse un aumento importante de cambios moleculares, pero esta vez el protagonismo pasa en gran medida de las neuronas a las células gliales.
Astrocitos, microglía y oligodendrocitos comienzan a modificar la actividad de genes relacionados con inflamación, estrés celular y ritmos circadianos.
Estos cambios podrían ayudar a comprender por qué el cerebro se vuelve más vulnerable a determinadas enfermedades neurodegenerativas durante la vejez.
Del desarrollo a la vulnerabilidad
Los investigadores también encontraron programas moleculares asociados con una mayor resiliencia neuronal durante etapas tempranas de la vida.
Según el análisis difundido por SINC, esa actividad protectora alcanzaría uno de sus puntos más altos alrededor de los 12 o 13 años. Más adelante, durante el envejecimiento, aparecen patrones diferentes relacionados con estrés celular y vulnerabilidad.
El atlas podría convertirse así en una referencia para investigar cuándo comienzan determinadas alteraciones relacionadas con enfermedades como el alzhéimer u otros trastornos neurológicos.
El cerebro nunca queda completamente “terminado”
Aunque los 24 años aparecen como un punto importante, el estudio refuerza una idea más amplia: el cerebro humano continúa transformándose durante toda la vida.
La infancia y adolescencia concentran los mayores cambios de desarrollo, la adultez presenta una etapa más estable y la vejez desencadena una nueva reorganización molecular.
El trabajo también tiene limitaciones. Los propios autores señalan que se concentra en la actividad de los genes y no analiza directamente todos los cambios en proteínas, modificaciones epigenéticas u otras regiones cerebrales.
Aun así, el atlas ofrece una de las imágenes más completas hasta ahora de cómo envejece el cerebro humano célula por célula.
Más que establecer una edad exacta en la que una persona “termina de madurar”, la investigación muestra algo más complejo: la corteza prefrontal continúa desarrollándose durante los primeros años de la vida adulta y después sigue cambiando, de distintas maneras, hasta la vejez.