Mucho antes de llevar a Odiseo por mares desconocidos, enfrentar dioses y entrar en el caballo de Troya, Christopher Nolan estuvo a punto de dirigir otra gran epopeya inspirada en Homero.

A principios de la década de 2000, después de terminar Insomnia, Warner Bros. consideró al cineasta para ponerse al frente de Troya, la superproducción protagonizada posteriormente por Brad Pitt.

El proyecto nunca llegó a sus manos. Wolfgang Petersen retomó la dirección y Nolan siguió otro camino: poco después comenzó a trabajar en Batman Begins.

Sin embargo, una imagen permaneció en su memoria durante más de veinte años:

un enorme caballo de madera hundiéndose lentamente en la arena.


Una película que comenzó con otra película

Decir que Nolan tardó veinte años en hacer La Odisea no significa que trabajara durante todo ese tiempo en un mismo guion.

La historia comenzó como una idea inconclusa.

Mientras se preparaba para dirigir Troya, Nolan pensó en cómo representar el famoso caballo sin que pareciera un objeto fantástico o artificial. Quería darle peso, textura y credibilidad: que la estructura se sintiera peligrosa, pesada y físicamente posible.

Cuando perdió el proyecto, la película desapareció, pero la imagen no.

Durante los años siguientes, Nolan dirigió la trilogía de El caballero de la noche, El origen, Interestelar, Dunkerque, Tenet y Oppenheimer. En todas ellas desarrolló herramientas que más tarde resultarían fundamentales para abordar una historia tan grande como la de Homero: la construcción de mundos, el manejo de múltiples líneas temporales, los efectos prácticos y la obsesión por convertir ideas monumentales en experiencias físicas.

La oportunidad llegó después del éxito de Oppenheimer. Nolan explicó que aquella recepción le dio la libertad y los recursos necesarios para intentar una producción que, en otras circunstancias, habría sido demasiado ambiciosa.


La historia de aventuras definitiva

La Odisea es uno de los relatos fundacionales de la literatura occidental.

El poema atribuido a Homero narra el regreso de Odiseo —también conocido como Ulises— a su hogar en Ítaca después de la guerra de Troya. El trayecto que debía tomar poco tiempo se convierte en una travesía de años marcada por naufragios, monstruos, tentaciones, dioses y decisiones que ponen a prueba la identidad del héroe.

La historia ha influido durante siglos en novelas, canciones, obras teatrales y películas. Nolan reconoce que su estructura también puede rastrearse en trabajos propios como Interestelar y la trilogía de El caballero de la noche: personajes que atraviesan territorios hostiles y sacrifican parte de sí mismos mientras intentan regresar a casa.

El director consideraba que, pese a su enorme influencia cultural, el poema nunca había recibido una adaptación cinematográfica moderna que utilizara plenamente las herramientas actuales para representar su escala mitológica.


Un rodaje convertido en expedición

Para construir este mundo, Nolan evitó depender exclusivamente de estudios y fondos digitales.

La producción se extendió durante seis meses, recorrió seis países y completó 91 días de filmación. El equipo buscó paisajes capaces de transmitir la diversidad del viaje de Odiseo: montañas, costas, mares abiertos, cuevas y territorios volcánicos.

Troya fue reconstruida en Marruecos. Las regiones cercanas a Grecia sirvieron para representar el territorio del cíclope. Las arenas negras de Islandia se convirtieron en el Hades, mientras que la isla italiana de Favignana representó Ítaca, la patria a la que el protagonista intenta regresar.

Las escenas marítimas fueron especialmente complejas.

En lugar de simular cada desplazamiento, la producción utilizó una embarcación real adaptada para parecer un barco de la época micénica. Los actores aprendieron a remar, manipular las velas y trabajar junto con la tripulación. Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema filmaron desde otra cubierta, siguiendo la acción con un método cercano al documental.

Matt Damon, encargado de interpretar a Odiseo, recordó que Nolan le advirtió antes del rodaje que sería una experiencia extremadamente difícil. El actor creyó que se trataba de una exageración hasta que comenzaron las jornadas en el mar.


El caballo que sobrevivió dos décadas

El vínculo más evidente entre la película que Nolan no pudo dirigir y la que finalmente realizó aparece desde el inicio.

El caballo de Troya que imaginó a principios de los años 2000 terminó convirtiéndose en una de las primeras imágenes de La Odisea.

Durante dos décadas, Nolan conservó la idea de una estructura monumental hundiéndose en la arena bajo su propio peso. En su versión, el caballo no lleva ruedas: debía sentirse como un objeto construido por soldados, arrastrado con dificultad y perteneciente a un mundo material, no como una figura decorativa.

Este detalle resume gran parte de su manera de hacer cine.

Nolan suele partir de acontecimientos imposibles o extraordinarios, pero intenta darles una presencia física. Puede tratarse de ciudades que se doblan, viajes interestelares, explosiones atómicas o criaturas mitológicas; su objetivo es que el espectador sienta que los objetos ocupan un espacio real y que las acciones tienen peso.

El caballo no es solamente una pieza del relato.

Es el vestigio de una película perdida que consiguió sobrevivir hasta encontrar otra historia.


La primera película rodada completamente en formato IMAX

La escala de la producción también exigió cambios técnicos.

La Odisea se convirtió en el primer largometraje realizado completamente con cámaras cinematográficas IMAX. Nolan y su equipo trabajaron con una nueva generación de equipos diseñados para reducir algunos de los problemas tradicionales de estas cámaras, conocidas por su tamaño y por el ruido que producen durante la grabación.

La intención no era usar el formato únicamente para mostrar grandes paisajes.

Nolan también buscaba acercarlo a los rostros, las emociones y los momentos íntimos. La película debía conservar la escala de los dioses y los monstruos sin perder la historia de un hombre agotado que intenta volver con su familia.

La apuesta encontró una respuesta inmediata: IMAX informó que la película obtuvo 52 millones de dólares en ese formato durante su estreno mundial, una cifra récord para la compañía.


Un héroe menos perfecto

Matt Damon encabeza el reparto como Odiseo, acompañado por Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Zendaya como Atenea, Robert Pattinson como Antínoo, Charlize Theron como Calipso y Lupita Nyong’o como Helena.

Pero la versión de Nolan no presenta únicamente a un héroe invencible.

Odiseo es inteligente, carismático y capaz de sobrevivir, pero también es orgulloso, violento y responsable de decisiones que prolongan su sufrimiento. Su viaje no consiste solo en vencer criaturas: también implica confrontar las consecuencias de aquello que hizo durante la guerra.

Ese enfoque conecta con una preocupación constante en la filmografía del director. Sus protagonistas suelen estar obsesionados con cumplir una misión, aun cuando hacerlo destruya parte de sus relaciones o de su identidad.

En ese sentido, La Odisea parece menos una desviación dentro de su carrera que la historia hacia la que siempre estuvo avanzando.


De un proyecto perdido a un fenómeno mundial

La película llegó a los cines el 17 de julio de 2026 y obtuvo aproximadamente 264 millones de dólares durante su primer fin de semana mundial, superando el debut de Oppenheimer. Semanas después, su éxito comenzó a impulsar incluso el turismo hacia algunas de las islas utilizadas durante la filmación.

El resultado demuestra que un poema compuesto hace casi tres mil años todavía puede convocar a un público masivo.

Tal vez porque, detrás de los cíclopes, las tormentas y las intervenciones de los dioses, permanece una idea sencilla y universal:

el deseo de regresar.

Regresar al hogar, a la familia, a la persona que se era antes de partir.


Christopher Nolan no pasó veinte años filmando La Odisea, pero sí cargó durante ese tiempo con una imagen que nunca pudo utilizar.

La oportunidad perdida de dirigir Troya dejó una inquietud. Después llegaron Batman, los sueños, los agujeros negros, la guerra y la bomba atómica. Cada película amplió su capacidad técnica y narrativa hasta que una historia tan antigua como la civilización occidental se volvió posible.

Dos décadas después, el caballo finalmente emergió.

Y lo que comenzó como una película que Nolan no pudo hacer terminó convirtiéndose en la puerta de entrada a la producción más ambiciosa de su carrera.