A pocos kilómetros del movimiento de la Ciudad de México existe un lugar donde el ruido de la ciudad desaparece entre árboles, senderos de tierra y construcciones de piedra.
En medio del Parque Nacional Desierto de los Leones, en la alcaldÃa Cuajimalpa, se encuentra el antiguo Convento de Nuestra Señora del Carmen, un complejo religioso levantado por los Carmelitas Descalzos para alejarse de la vida urbana y dedicarse al silencio, la oración y la contemplación.

Hoy ya no viven monjes detrás de sus paredes.
Sus antiguos claustros, celdas, jardines, pasillos subterráneos y ermitas se han convertido en uno de los destinos históricos y naturales más particulares de la Ciudad de México.
Aquà se puede visitar un edificio colonial, perderse por unos minutos bajo tierra y, al terminar, salir directamente a caminar entre uno de los bosques más importantes de la capital.
¿Por qué se llama Desierto de los Leones si está lleno de árboles?
El nombre puede resultar extraño.
El Desierto de los Leones no es un desierto en el sentido climático. No encontramos dunas ni un territorio árido; encontramos bosques de pino, oyamel y encino en un ambiente templado y frÃo.
Para las órdenes religiosas, la palabra “desierto†también podÃa describir un lugar apartado de las poblaciones, destinado al aislamiento y la contemplación.
Eso era precisamente lo que buscaban los Carmelitas Descalzos.
Necesitaban un espacio suficientemente lejano del ruido de la entonces pequeña Ciudad de México donde los religiosos pudieran retirarse temporalmente y llevar una vida marcada por el silencio, la disciplina y la oración. El bosque de las montañas de Santa Fe ofrecÃa las condiciones ideales.
Un convento escondido en las montañas
La construcción del primer monasterio comenzó a principios del siglo XVII. El portal oficial de turismo de la Ciudad de México sitúa el inicio de las obras en 1605 y señala que hacia 1611 el complejo estaba prácticamente terminado.

El lugar contaba con todo lo necesario para mantener una comunidad religiosa prácticamente aislada:
Celdas para los monjes.
Claustros.
Cocina.
Comedor.
Biblioteca.
LavanderÃa.
HospederÃa.
Iglesia.
Jardines.
Ermitas distribuidas por el bosque.
El aislamiento no era un accidente arquitectónico.
Era parte esencial de la vida carmelita.
El silencio, la austeridad y la separación del mundo exterior permitÃan a los religiosos concentrarse en la meditación y la vida espiritual.
Con el tiempo, el primer conjunto sufrió deterioros relacionados con las condiciones del terreno y se levantó un nuevo convento entre 1722 y 1724, del que deriva buena parte del conjunto histórico que conocemos actualmente. Investigaciones del INAH señalan que este segundo “desierto†quedó terminado el 27 de octubre de 1724.
Las ermitas: estar todavÃa más solo
Vivir dentro de un convento apartado de la ciudad aparentemente no era aislamiento suficiente.
Alrededor del complejo se construyeron pequeñas ermitas destinadas a retiros individuales.
El sitio tuvo originalmente diez y actualmente permanecen ocho. Cada una disponÃa de espacios básicos para permitir que un religioso pasara periodos en completa contemplación, separado incluso de los otros miembros de su comunidad.
Algunas permanecen escondidas entre árboles y caminos del parque.
Recorrerlas permite comprender que el convento no terminaba en sus muros. El bosque completo formaba parte de la experiencia espiritual.
El silencio, la distancia y el frÃo eran elementos de la vida diaria.
Qué puedes ver dentro del Ex Convento
Visitarlo actualmente permite caminar por espacios que tuvieron funciones muy distintas hace varios siglos.
Uno de los primeros elementos que llama la atención es el claustro, rodeado por corredores que conectaban diferentes áreas del complejo.
También pueden observarse habitaciones, patios y antiguas dependencias monásticas que ayudan a imaginar cómo era la vida en aislamiento.
Pero existe una zona que suele quedarse en la memoria de muchos visitantes.
El sótano y sus pasillos oscuros
Debajo del convento se encuentra una red de espacios y corredores conocida popularmente por sus zonas oscuras y laberÃnticas.
El propio sitio turÃstico oficial de la Ciudad de México destaca el sótano como uno de los lugares más populares del recorrido: la iluminación disminuye hasta el punto de que desplazarse por ciertos sectores puede resultar desconcertante.
Es precisamente esa combinación de piedra, humedad, silencio y oscuridad la que ha alimentado numerosas historias y leyendas alrededor del convento.
Más allá de cualquier relato sobrenatural, recorrer estos espacios permite experimentar fÃsicamente la austeridad y el aislamiento para los que fue diseñado el lugar.
La Capilla de los Secretos
Otro de sus espacios más curiosos es la llamada Capilla de los Secretos.
Su diseño aprovechaba propiedades acústicas que permitÃan escuchar sonidos desde determinados puntos sin necesidad de mantener contacto visual directo.
La arquitectura ayudaba asà a conservar la separación y el silencio caracterÃsticos de la vida religiosa. Actualmente sigue siendo uno de los elementos más particulares del conjunto.
Es un buen ejemplo de cómo la arquitectura del convento no respondÃa solamente a cuestiones estéticas.
Cada espacio estaba diseñado alrededor de una manera especÃfica de vivir.
De retiro religioso a patrimonio de la ciudad
Los Carmelitas terminaron abandonando el lugar durante el siglo XIX. El INAH registra que la orden cedió las tierras del Santo Desierto en 1814, poco antes de consumarse la Independencia de México.
Pero la historia del bosque apenas comenzaba a adquirir otra dimensión.
Sus manantiales y vegetación resultaban fundamentales para la Ciudad de México.
En 1876, durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, se decretó una protección forestal sobre el Desierto de los Leones con el objetivo de conservar sus manantiales y el suministro de agua hacia la capital.
Décadas después ocurrió algo todavÃa más importante.
El 27 de noviembre de 1917, durante el gobierno de Venustiano Carranza, el Desierto de los Leones fue declarado Parque Nacional.
Se convirtió asà en el primer Parque Nacional establecido en México.
Por eso este lugar posee una doble historia.
Es patrimonio arquitectónico por su convento y patrimonio natural por el bosque que lo rodea.
Mucho más que visitar un convento
Ir al Desierto de los Leones no tiene que limitarse a recorrer el edificio.
El parque conserva bosques de oyamel, pino y encino, además de una importante diversidad de plantas, hongos y animales. Entre la fauna registrada se encuentran coyotes, zorra gris, mapaches, tlacuaches, conejos y venados cola blanca.
Actualmente, la CONANP reconoce entre las principales actividades del parque:
Caminata y senderismo.
FotografÃa de naturaleza.
Educación ambiental.
Para alguien que visita desde la ciudad, eso permite combinar en un mismo dÃa historia, arquitectura y naturaleza.
Puedes comenzar caminando entre los pasillos del antiguo convento y terminar varias horas después entre árboles, senderos y ermitas.
Ideal para fotografÃa
El lugar también resulta especialmente atractivo para quienes disfrutan fotografiar.
Los corredores del convento producen contrastes marcados entre luz y sombra. Las puertas enmarcan jardines y patios, mientras que la piedra envejecida crea texturas que cambian conforme avanza el dÃa.
En el exterior, la niebla, los oyameles y los caminos del bosque pueden transformar completamente el ambiente según la temporada.
No es difÃcil comprender por qué el sitio aparece constantemente en producciones fotográficas, recorridos culturales y contenidos audiovisuales.
¿Qué comer?
Una parte de la experiencia del Desierto de los Leones ocurre después de caminar.
En los alrededores del parque tradicionalmente se encuentran espacios de comida donde es posible encontrar antojitos mexicanos y platillos calientes, algo particularmente agradable durante los dÃas frÃos de la montaña.
Una visita puede convertirse fácilmente en un plan de medio dÃa:
recorrer el convento, caminar por el bosque y terminar comiendo antes de regresar a la ciudad.
Antes de ir
Actualmente, SEDEMA informa que el Parque Nacional Desierto de los Leones abre de lunes a domingo de 6:00 a 17:00 horas y ha reiterado que los accesos y estacionamientos del parque son gratuitos.
El Ex Convento y los espacios museÃsticos pueden manejar horarios propios. El Sistema de Información Cultural registra al Museo Bicentenario del Ex Convento con apertura de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas y una cuota general de referencia de $20 pesos; como estos datos pueden modificarse, conviene verificar condiciones y costos antes de realizar la visita.
El parque se encuentra en la zona de Cuajimalpa, sobre la ruta que conecta hacia la carretera México-Toluca. El portal turÃstico de la Ciudad de México también señala opciones de transporte público y conexiones desde distintos puntos cercanos.
Y hay algo importante: sigue siendo un Ãrea Natural Protegida.
Salirse de los senderos, dejar basura o realizar actividades que dañen el suelo afecta directamente un ecosistema que cumple funciones como capturar humedad, recargar acuÃferos y mejorar la calidad del aire de la ciudad.
Un lugar donde la ciudad desaparece
Tal vez esa sea la razón por la que el Ex Convento sigue funcionando como destino más de cuatro siglos después.
Los Carmelitas llegaron buscando alejarse del ruido.
Actualmente miles de personas hacen prácticamente lo mismo, aunque por razones diferentes.
Suben para caminar.
Para fotografiar.
Para conocer sus túneles.
Para descubrir las ermitas.
Para respirar aire frÃo entre los árboles.
O simplemente para pasar unas horas lejos del tráfico y los edificios.
El propósito religioso desapareció, pero algo de la intención original permanece.
Dentro del Desierto de los Leones, la Ciudad de México parece quedar muy lejos, aunque siga estando a pocos kilómetros.
Y entre los muros de piedra del antiguo convento todavÃa es posible comprender por qué, hace más de cuatro siglos, un grupo de monjes eligió precisamente este bosque para buscar silencio.