El cosmonauta que volvió del espacio a un país que ya no existía
El 18 de mayo de 1991, el cosmonauta Serguéi Krikaliov despegó a bordo de la nave Soyuz TM-12 rumbo a la estación espacial soviética Mir.
Viajó junto con Anatoli Artsebarski y Helen Sharman, la primera británica en llegar al espacio. Krikaliov permanecería durante meses realizando experimentos, mantenimiento y trabajos técnicos en la estación.
Lo que nadie podía imaginar era cuánto cambiaría el mundo mientras él orbitaba la Tierra.
Su misión comenzó a prolongarse
Durante 1991, la Unión Soviética atravesaba una profunda crisis política y económica.
Al mismo tiempo, el programa espacial tuvo que reorganizar sus vuelos. Dos misiones previstas fueron reducidas a una y el siguiente cosmonauta que ocuparía el puesto de ingeniero de vuelo no estaba entrenado para una estancia prolongada.
Krikaliov aceptó entonces permanecer en Mir durante una expedición adicional.
Aquí nace una de las versiones más repetidas de la historia: que fue “abandonado en el espacio”.
La realidad es menos dramática, pero quizá todavía más interesante. Seguía en comunicación con la Tierra y su permanencia estaba coordinada, aunque la inestabilidad política y económica de la URSS complicó enormemente el programa.
Mientras orbitaba, la Unión Soviética desapareció
El 26 de diciembre de 1991, mientras Krikaliov seguía viviendo en Mir, la Unión Soviética dejó oficialmente de existir.
Las repúblicas soviéticas se habían convertido en países independientes y Rusia pasó a ser un nuevo Estado.
Incluso el cosmódromo de Baikonur, desde donde Krikaliov había despegado, quedó situado en el recién independizado Kazajistán, aumentando la incertidumbre alrededor del programa espacial.
Desde la estación, Krikaliov podía observar la Tierra varias veces al día mientras las fronteras políticas bajo sus pies estaban cambiando.

311 días en el espacio
Finalmente, Serguéi Krikaliov regresó a la Tierra el 25 de marzo de 1992.
Había permanecido en el espacio durante aproximadamente 311 días y 20 horas, casi diez meses y medio.
Había despegado como ciudadano de la Unión Soviética.
Regresó cuando aquella nación ya no existía.
Por esta extraordinaria coincidencia histórica comenzó a ser conocido como “el último ciudadano soviético”.
Su historia espacial todavía no había terminado
Lejos de alejarse de los vuelos espaciales después de aquella experiencia, Krikaliov continuó su carrera.
En 1994 se convirtió en el primer cosmonauta ruso en viajar en un transbordador espacial estadounidense, durante la misión STS-60 del Discovery, uno de los primeros pasos de la cooperación espacial entre Rusia y Estados Unidos después de la Guerra Fría.
Años más tarde también formaría parte de la primera tripulación permanente de la Estación Espacial Internacional.
Su historia terminó convirtiéndose en una de las más singulares de la exploración espacial: un hombre despegó hacia la órbita bajo la bandera de una superpotencia y, cuando volvió meses después, el país que lo había enviado al espacio ya había desaparecido del mapa.