La Vía Láctea pudo girar más de 90 grados tras una colisión hace 10 mil millones de años
La Vía Láctea parece una estructura estable cuando la observamos en el cielo, pero su historia ha estado marcada por encuentros violentos con otras galaxias.
Una nueva investigación presentada en la National Astronomy Meeting 2026 de la Royal Astronomical Society plantea que nuestra galaxia pudo experimentar uno de sus cambios más radicales hace aproximadamente 10 a 11 mil millones de años: su disco habría cambiado de orientación en más de 90 grados después de una gran colisión.
No significa que la galaxia se volteara instantáneamente como un objeto sólido. El proceso habría ocurrido durante su evolución, mientras miles de millones de estrellas, gas y materia oscura respondían a las fuerzas gravitacionales producidas por la fusión.
La pista estaba en el halo de la galaxia
La mayoría de las estrellas de la Vía Láctea se encuentran en su conocido disco espiral. Alrededor de él existe una región mucho más extensa y menos densa llamada halo estelar.
Ese halo contiene muchas estrellas que originalmente pertenecieron a pequeñas galaxias absorbidas por la Vía Láctea.
Las observaciones de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea revelaron una característica peculiar: el halo estelar de nuestra galaxia gira muy lentamente.
Los investigadores querían saber por qué.
Para buscar una explicación analizaron 25 galaxias similares a la Vía Láctea dentro de las simulaciones cosmológicas Auriga, que permiten observar virtualmente cómo evolucionan las galaxias durante miles de millones de años.
Una colisión frontal cambió su orientación
Los científicos encontraron un patrón.
Las galaxias simuladas con halos estelares de rotación especialmente lenta solían haber experimentado dos acontecimientos: una gran colisión frontal con otra galaxia y posteriormente un cambio considerable en la orientación de su disco.
En algunos casos, ese llamado disc flip superaba los 90 grados.
La Vía Láctea encaja particularmente bien con este escenario porque ya existe evidencia de que sufrió una gigantesca fusión con una antigua galaxia enana conocida como Gaia-Sausage-Enceladus.
Esta galaxia chocó con la joven Vía Láctea hace aproximadamente 10 o 11 mil millones de años y terminó siendo absorbida por ella. Sus restos todavía pueden identificarse como poblaciones de estrellas que siguen órbitas muy alargadas.
Una galaxia construida a golpes
Hoy podemos imaginar la Vía Láctea como una enorme espiral de estrellas relativamente ordenada, pero las galaxias crecen en parte devorando sistemas más pequeños.
Cada una de esas fusiones aporta estrellas, gas y materia oscura y puede modificar la forma y el movimiento de la galaxia resultante.
La colisión con Gaia-Sausage-Enceladus fue uno de los acontecimientos más importantes durante las primeras etapas de formación de nuestra galaxia.
Según el astrónomo Kirill Batrakov, investigador principal del trabajo, el hecho de que la Vía Láctea haya sufrido una gran colisión frontal hace que un cambio de orientación de su disco sea una posibilidad especialmente convincente.
¿Cómo sabemos algo ocurrido hace 10 mil millones de años?
Nadie pudo observar directamente aquella colisión.
Los astrónomos reconstruyen el pasado estudiando las posiciones, velocidades y composición química de estrellas que existen actualmente.
Gaia ha permitido medir con extraordinaria precisión el movimiento de enormes cantidades de estrellas de nuestra galaxia. Después, las simulaciones por computadora permiten comparar esos datos con distintos escenarios de formación galáctica.
Cuando una simulación produce una galaxia con características similares a las observadas actualmente, los científicos pueden reconstruir qué acontecimientos podrían haber producido ese resultado.
Por esta razón, el estudio habla de una posible historia de la Vía Láctea, no de una grabación directa de lo sucedido.
Las huellas del choque continúan ahí
El descubrimiento podría servir también para estudiar algo que no podemos observar directamente: la materia oscura.
Los investigadores encontraron una relación entre la rotación del halo de estrellas y la del halo de materia oscura que rodea las galaxias simuladas, lo que sugiere que ambos pudieron evolucionar conjuntamente durante estas fusiones.
Así, el movimiento de estrellas que vemos hoy podría conservar información sobre un choque ocurrido cuando el universo era todavía relativamente joven.
La Vía Láctea que conocemos no nació con su forma actual.
Su historia parece haber sido construida mediante fusiones, colisiones y enormes transformaciones gravitacionales. Y una de ellas pudo haber sido lo suficientemente poderosa como para cambiar por completo la orientación de nuestra galaxia en el espacio.