¿Una ciudad perdida bajo el mar de Cuba? El misterio que lleva más de 20 años sin resolverse
A unos 600 a 750 metros bajo el mar, frente a la península de Guanahacabibes, en el extremo occidental de Cuba, un sonar detectó algo inesperado: grandes formas aparentemente simétricas dispersas sobre el fondo oceánico.
Era el año 2000.
La ingeniera marina ruso-canadiense Paulina Zelitsky y su esposo, Paul Weinzweig, trabajaban con la empresa Advanced Digital Communications realizando exploraciones submarinas cuando sus equipos comenzaron a registrar estructuras que recordaban, al menos en las imágenes de sonar, a bloques, caminos y formas piramidales.
La noticia llegó a medios internacionales en 2001 y rápidamente apareció una posibilidad irresistible:
¿habían encontrado una ciudad perdida?
Las imágenes parecían mostrar estructuras artificiales
El equipo regresó posteriormente con un vehículo submarino operado a distancia.
Las grabaciones mostraron grandes bloques y formaciones rocosas de formas poco habituales. Zelitsky llegó a decir que el lugar parecía un gran centro urbano, aunque ella misma reconoció entonces que sería irresponsable afirmarlo sin pruebas suficientes.
Años después comenzaron a circular versiones mucho más espectaculares: cuatro pirámides gigantes, una supuestamente de cristal, esfinges, monolitos e incluso inscripciones.
El problema es que esas afirmaciones nunca quedaron confirmadas mediante una investigación arqueológica aceptada.
Buena parte de lo que circula en redes proviene de artículos publicados nuevamente en 2012, más de una década después del descubrimiento original.
¿Podría ser realmente una ciudad?
Aquí comienza el verdadero misterio.
El geólogo cubano Manuel Iturralde-Vinent, que estudió información relacionada con el lugar, consideró que algunas formaciones resultaban difíciles de explicar, pero eso tampoco significa que fueran construidas por seres humanos.
La profundidad presenta además un enorme problema.
Si una ciudad hubiera sido construida cuando ese terreno se encontraba sobre el nivel del mar, tendría que explicar cómo terminó a unos 700 metros de profundidad. Los cambios del nivel del océano desde las últimas glaciaciones no bastan por sí solos para explicar un descenso semejante.
Por eso existen hipótesis que interpretan las formas como estructuras geológicas naturales que el sonar puede hacer parecer más regulares de lo que realmente son.
Sin excavaciones, muestras concluyentes y estudios arqueológicos detallados, no es posible determinarlo.

¿Y qué tiene que ver la Atlántida?
Prácticamente nada demostrado.
La asociación apareció porque la imagen de una posible ciudad hundida recuerda inmediatamente al relato de Platón sobre la Atlántida.
Pero no existe evidencia científica que conecte las estructuras cubanas con esa historia.
Incluso hablar del “Triángulo de las Bermudas” añade otra capa de misterio innecesaria. La NOAA recuerda que el Triángulo de las Bermudas ni siquiera tiene fronteras geográficas oficiales y no existe evidencia de que en esa región ocurran fenómenos inexplicables con mayor frecuencia que en otras zonas del océano.
Un misterio real, pero todavía sin ciudad perdida
Más de dos décadas después, las formaciones submarinas de Cuba continúan siendo interesantes precisamente porque no sabemos con certeza qué son.
Lo real es que un equipo encontró anomalías y grandes estructuras en el fondo marino mediante sonar y vehículos submarinos.
Lo que no está demostrado es que se trate de edificios, pirámides, una civilización desaparecida o la Atlántida.
Y quizá ahí está la parte más interesante.
No necesitamos convertirlas en una ciudad mítica para que sean fascinantes.
A cientos de metros bajo el Caribe sigue existiendo un lugar cuya naturaleza todavía no ha sido explicada de manera definitiva.