Bacalar: Donde nace el cielo y surgió la vida
A primera vista, la Laguna de Bacalar parece tener una explicación sencilla para su fama: agua cristalina y una extraordinaria gama de azules que cambia conforme avanzamos por ella. Sin embargo, detrás de ese paisaje del sur de Quintana Roo existe una combinación poco común de geología, hidrología, historia y microbiología.
Bacalar es conocida popularmente como la Laguna de los Siete Colores. Sus diferencias de profundidad, el fondo claro y las características del agua permiten que la luz produzca tonalidades que van desde un turquesa muy pálido hasta un azul oscuro. Investigadores de la UNAM han explicado que la arena blanca y los diferentes gradientes de profundidad son fundamentales para generar este espectáculo visual.
Pero los colores son apenas la superficie de su historia.

Un paisaje construido también bajo tierra
Gran parte de la Península de Yucatán se encuentra sobre roca caliza. En este tipo de terreno el agua se filtra con facilidad y circula principalmente bajo tierra, creando cavernas, conductos y cenotes.
En el municipio de Bacalar, las corrientes superficiales son escasas y la circulación del agua es predominantemente subterránea. Los cenotes aparecen cuando partes del techo de las cavidades se hunden y dejan expuesta el agua del subsuelo.
Esto ayuda a entender por qué la laguna no puede verse simplemente como una gran alberca natural aislada. Forma parte de un sistema hidrológico mucho más extenso.
Entre los cenotes asociados a Bacalar se encuentran el Cenote Negro, Esmeralda y Cocalitos, además de otros cuerpos de agua conectados con el sistema lagunar. El Cenote Negro es especialmente llamativo: información turística oficial de Quintana Roo señala que su profundidad cambia abruptamente desde aproximadamente metro y medio hasta casi 100 metros, formando una especie de precipicio submarino.
Muy cerca se encuentra también el Cenote Azul. Un perfil oficial del municipio señala que alcanza alrededor de 90 metros de profundidad y mantiene conexión con el sistema de la Laguna de Bacalar.
Estas diferencias de profundidad contribuyen a que ciertas partes del agua se observen mucho más oscuras que otras.

¿Realmente tiene siete colores?
El nombre es turístico y no significa que exista una frontera precisa entre siete colores diferentes.
Lo que observamos es un gradiente provocado por varios factores. En las áreas someras, el fondo blanco refleja gran cantidad de luz y genera tonos celestes y turquesas. Cuando la profundidad aumenta, una menor cantidad de luz regresa hasta nuestros ojos y aparecen azules mucho más intensos.
La UNAM ha señalado precisamente a la arena clara y las variaciones de profundidad como dos de los elementos responsables de sus famosas tonalidades.
Por eso la laguna puede cambiar de aspecto dependiendo del punto desde donde se observe, la profundidad, las condiciones atmosféricas y la posición del Sol.
De Bakhalal a Bacalar
La relación humana con este territorio comenzó muchos siglos antes de que existiera la población turística que conocemos actualmente.
El nombre Bacalar procede del maya Bakhalal, cuya traducción suele interpretarse como “cerca o rodeado de carrizos”.
Fue fundado en 415 d. C. y utiliza el nombre Sian Ka'an Bak'halal. Esa fecha aparece con frecuencia en material turístico, aunque es preferible tratarla como una referencia tradicional y no como un año fundacional comprobado con absoluta precisión.
El propio INAH sitúa los antecedentes históricos de Bacalar en el Clásico Temprano maya, aproximadamente entre 250 y 600 d. C., por lo que sí estamos hablando de una región con una ocupación prehispánica de enorme antigüedad.
Mucho después, con la llegada de los españoles, se estableció la población colonial de Salamanca de Bacalar a mediados del siglo XVI. El lugar adquirió importancia estratégica por su comunicación con el Caribe y posteriormente sufriría ataques de piratas y conflictos durante la Guerra de Castas.
Así, la historia de Bacalar no pertenece a una sola época: en un mismo territorio se superponen el mundo maya, la colonización española, los conflictos de los siglos posteriores y la actual ciudad turística.
Las extrañas estructuras vivas de Bacalar
Hay, sin embargo, algo que convierte a Bacalar en un lugar extraordinario incluso a escala mundial.
A lo largo de algunas zonas de la laguna pueden encontrarse estructuras que, a primera vista, parecen rocas. En realidad son microbialitos, formaciones creadas gracias a comunidades de microorganismos que interactúan con los minerales presentes en el agua son estructuras de roca formadas por comunidades de bacterias y microbios. Atrapan minerales y sedimentos del agua. Son la evidencia de vida más antigua en la Tierra y ayudan a crear el oxígeno que respiramos desde hace miles de millones de años.
Un estudio científico sobre el microbioma de Bacalar describe a la laguna como el lugar que alberga la mayor extensión conocida de microbialitos de agua dulce del mundo.
Popularmente también se habla de ellos como estromatolitos, aunque científicamente “microbialito” es un término más amplio.
¿Por qué son tan fascinantes?
Porque estructuras de este tipo representan versiones modernas de comunidades microbianas que aparecieron extremadamente temprano en la historia de nuestro planeta. Los estromatolitos fósiles constituyen algunas de las evidencias más antiguas de vida que conocemos.
En Bacalar, algunas de las comunidades actuales llevan miles de años desarrollándose. Investigadores de la UNAM han estudiado microbialitos de aproximadamente 9,000 años de antigüedad en la zona.
Es decir, cuando una persona observa esas aparentemente simples estructuras rocosas junto a la orilla, está frente a un ecosistema vivo construido lentamente durante miles de años.

Un ecosistema extraordinario, pero muy frágil
Precisamente por crecer tan lentamente, los microbialitos pueden dañarse con enorme facilidad.
Caminar sobre ellos, golpearlos con embarcaciones o permitir que las lanchas se estacionen encima puede destruir la parte viva de estructuras cuya recuperación puede tomar décadas. Investigadores de la UNAM han documentado daños provocados por presión turística, contaminación, aguas residuales y nutrientes procedentes de actividades humanas alrededor de la cuenca.
El problema no afecta únicamente a los microbialitos. Un exceso de nitrógeno y fósforo puede estimular el crecimiento del plancton y alterar la extraordinaria transparencia y coloración característica de la laguna.
Bacalar es, por tanto, un ejemplo de una paradoja frecuente en los destinos naturales: aquello que atrae a miles de personas puede terminar deteriorándose precisamente por el éxito de esa atracción.
Donde nace el cielo
Poéticamente, resulta difícil encontrar una descripción mejor.
El cielo parece continuar sobre una superficie de distintos tonos azules, mientras que debajo circula agua por un complejo paisaje de roca caliza, cavernas y cenotes. Y, casi escondidas a simple vista, comunidades microscópicas construyen estructuras similares a las que existían cuando la vida en nuestro planeta era radicalmente distinta.
Bacalar no es solamente una laguna bonita.
Es el resultado visible de miles de años de historia humana y geológica, y de procesos biológicos que tienen raíces en una historia de la vida muchísimo más antigua que nosotros.
Conocerla también implica entender por qué conservarla es parte indispensable de seguir disfrutándola.