Hundertwasser: el artista que quiso liberar a la arquitectura de las líneas rectas
Ventanas de tamaños diferentes. Pisos que no están completamente nivelados. Árboles creciendo desde balcones. Fachadas llenas de color y prácticamente ninguna línea recta.
Para Friedensreich Hundertwasser, un edificio no debía parecer una máquina.
Debía parecer algo vivo.
Nacido en Viena en 1928 como Friedrich Stowasser, Hundertwasser comenzó como pintor y desarrolló desde muy joven una fascinación por las espirales, las formas orgánicas y la naturaleza. Con el tiempo, esas mismas ideas terminaron trasladándose de sus cuadros a edificios completos.
La línea recta era su enemiga
Hundertwasser rechazaba buena parte de la arquitectura moderna de mediados del siglo XX.
Le molestaban especialmente los edificios idénticos, las cuadrículas perfectas y las fachadas donde todas las ventanas parecían copiadas unas de otras.
Desde los años cincuenta escribió manifiestos y realizó acciones públicas defendiendo una arquitectura más libre, donde las irregularidades no fueran consideradas defectos.
Su propuesta era prácticamente lo contrario de la estandarización:
menos repetición, más naturaleza y más libertad para quienes habitaban los edificios.

El “derecho de la ventana”
Una de sus ideas más curiosas fue lo que llamó el “derecho de la ventana”.
Hundertwasser defendía que una persona debía poder transformar la fachada alrededor de su propia ventana hasta donde alcanzara su brazo.
La idea era simbólica, pero representaba algo más profundo: una vivienda no debería hacer que todos sus habitantes vivieran dentro de espacios visualmente idénticos.
Para él, cada persona debía dejar una huella propia sobre el edificio.
Árboles como habitantes
Otra de sus propuestas era incorporar vegetación directamente a la arquitectura.
No solo colocar macetas.
Hundertwasser hablaba de “árboles inquilinos”: árboles que crecieran desde ventanas, patios, terrazas y tejados.
Su idea era devolver a la naturaleza una parte del terreno ocupado por los edificios.
Hoy conceptos como techos verdes, jardines verticales y arquitectura biofílica son cada vez más comunes. Hundertwasser defendía ideas similares décadas antes de que se volvieran parte habitual del discurso sobre sostenibilidad.

Hundertwasserhaus: su sueño convertido en edificio
Su obra arquitectónica más famosa se encuentra en Viena.
La Hundertwasserhaus fue construida entre 1983 y 1985 como un complejo residencial municipal.
Tiene 50 departamentos, superficies irregulares, terrazas cubiertas de vegetación y una fachada donde prácticamente cada parte parece distinta de la siguiente.
Más de 200 árboles y arbustos crecen actualmente en sus balcones y terrazas.
Hundertwasser desarrolló el concepto artístico del proyecto, mientras arquitectos como Josef Krawina y Peter Pelikan participaron en su realización técnica.
El resultado terminó convirtiéndose en uno de los edificios más reconocibles de Viena.
Pisos irregulares para recordar que estamos vivos
Hundertwasser incluso cuestionaba algo que casi nunca pensamos: que un piso tenga que ser perfectamente plano.
Creía que caminar siempre sobre superficies artificialmente niveladas alejaba al ser humano de la experiencia de caminar sobre la naturaleza.
Por eso algunos de sus espacios utilizan suelos ligeramente ondulados.
Sus edificios también combinan azulejos, cerámica, columnas de colores, ventanas asimétricas y materiales diferentes.
El objetivo no era crear una estética ordenada.
Era precisamente escapar del orden excesivo.
De Viena a edificios por toda Europa
La Hundertwasserhaus no fue su única intervención arquitectónica.
Su lenguaje visual apareció después en museos, viviendas, iglesias, instalaciones industriales y edificios públicos.
En Viena también transformó una antigua fábrica de muebles para crear la Kunst Haus Wien, inaugurada como museo en 1991. Allí volvió a utilizar superficies irregulares, cerámica, vegetación y una mezcla deliberada de materiales.
Su colaboración con Peter Pelikan continuó durante años y permitió trasladar sus dibujos e ideas a estructuras construibles.

Un artista que imaginaba ciudades diferentes
Hundertwasser nunca siguió una carrera convencional de arquitectura.
De hecho, pasó solamente unos meses en la Academia de Bellas Artes de Viena antes de seguir su propio camino artístico.
Eso explica parte de su libertad.
No comenzó preguntándose cómo debía construirse un edificio según las reglas de la arquitectura.
Comenzó preguntándose cómo le gustaría vivir dentro de uno.
Su respuesta incluía árboles en los tejados, colores intensos, ventanas diferentes, pisos ondulados y espacios donde la naturaleza pudiera regresar.
Friedensreich Hundertwasser murió en 2000, pero muchas de sus ideas parecen especialmente actuales.
En una época preocupada por ciudades más verdes, biodiversidad urbana y bienestar dentro de los edificios, su obra recuerda una idea bastante sencilla:
una ciudad no tiene por qué estar separada de la naturaleza para funcionar.