Catorce pequeños pendientes mayas podrían revelar antiguas rutas de comercio en el sureste de México
Parecen objetos sencillos: pequeñas figuras de apenas unos centímetros talladas en concha y con forma de ranas y sapos. Sin embargo, para los arqueólogos pueden funcionar como mapas silenciosos de un mundo que existió hace más de mil años.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia analiza actualmente 14 pendientes zoomorfos recuperados en contextos funerarios de Campeche y Yucatán. Las piezas podrían ayudar a reconstruir cómo circulaban materias primas, conocimientos y objetos entre las comunidades mayas del Clásico Tardío, aproximadamente entre 650 y 900 d.C.
Los ejemplares proceden de los sitios arqueológicos de Sacamuy, Dzitbalché, Xiol, Kimbilá y Kanab y fueron localizados durante las labores de salvamento arqueológico asociadas a los tramos 2, 3 y 4 del Proyecto Tren Maya.
Ranas y sapos tallados en concha
Cada pendiente mide entre dos y cuatro centímetros.
Sus creadores utilizaron concha como materia prima y trabajaron la superficie mediante técnicas de pulido y decoración acanalada e incisa. Las figuras tienen cuerpos simplificados, sin detalles marcados en las extremidades, y cuentan con dos pequeñas perforaciones cónicas que permitían posiblemente colgarlas o incorporarlas a otros adornos.
Los arqueólogos han identificado al menos dos formas distintas de representar la cabeza.
En algunas piezas, los ojos fueron realizados mediante desgastes circulares y la boca aparece marcada con una línea incisa. En otras, únicamente se señalaron los ojos.
La semejanza entre varios ejemplares podría ofrecer información sobre técnicas compartidas entre diferentes comunidades.
¿Cómo pueden revelar antiguas rutas comerciales?
La clave no está solamente en la forma de las piezas, sino en la concha utilizada para fabricarlas.
Determinar de qué especie de molusco procede cada objeto puede ayudar a los investigadores a establecer dónde se encontraba originalmente esa materia prima.
Si una concha proveniente de una región costera aparece en un asentamiento situado a cientos de kilómetros, su presencia puede revelar contactos comerciales o redes de intercambio entre comunidades.
El análisis también puede mostrar qué materiales circulaban, qué técnicas se compartían y qué regiones estaban conectadas entre sí.
Por eso objetos diminutos pueden aportar información mucho mayor que su tamaño.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, destacó que estas piezas pueden contribuir a estudiar rutas de intercambio, conocimientos tecnológicos y la relación de las comunidades antiguas con la naturaleza.
La concha era mucho más que un material decorativo
Para los pueblos mesoamericanos, las conchas tenían un valor que iba más allá de su apariencia.
Estaban vinculadas simbólicamente con el agua, un elemento esencial para la vida y especialmente importante en sociedades cuya agricultura dependía directamente de los ciclos de lluvia.
También podían funcionar como indicadores de posición social y aparecer dentro de contextos rituales.
En Mesoamérica se utilizaron para fabricar pectorales, brazaletes, orejeras, anillos, pendientes e incluso instrumentos musicales.
Los objetos hallados en Campeche y Yucatán permiten estudiar cómo esa materia prima era transformada en piezas cargadas de significado.
¿Por qué representar ranas y sapos?
La elección de estos animales tampoco parece casual.
Dentro de la cosmovisión maya, los anuros —grupo al que pertenecen ranas y sapos— estaban relacionados con el agua y la llegada de las lluvias.
Su aparición después de las precipitaciones y sus ciclos biológicos los convirtieron en símbolos asociados con fertilidad, agricultura, regeneración y renacimiento.
También podían tener vínculos con el inframundo.
Por ello aparecen representados en diferentes contextos rituales.
Los pendientes combinaban así dos elementos profundamente relacionados con el agua: la concha de la que estaban hechos y el animal que representaban.
Una imagen que también aparece en un códice maya
Los arqueólogos han observado otro detalle particular.
Las figuras aparecen representadas bocabajo.
Una de las hipótesis relaciona esa posición con una imagen que aparece en el folio 17 del Códice Madrid, uno de los pocos manuscritos mayas prehispánicos que sobrevivieron hasta la actualidad.
En esa escena, los anuros aparecen asociados con la caída de la lluvia.
La semejanza no demuestra automáticamente que ambos objetos tengan exactamente el mismo significado, pero ofrece una pista para interpretar la posición elegida por quienes tallaron los pendientes siglos atrás.
¿Pertenecieron a niños?
Los 14 objetos están asociados con contextos funerarios, aunque la investigación todavía no ha determinado si acompañaban enterramientos de adultos o de menores.
Existe una hipótesis interesante.
Objetos semejantes han aparecido anteriormente en entierros infantiles de la región, por lo que los investigadores consideran posible que algunos de estos pendientes hayan formado parte de ofrendas depositadas junto a niños.
Por ahora, sin embargo, el INAH insiste en que se trata de una posibilidad que todavía debe estudiarse.
El hallazgo ocurrió en 2024; la investigación continúa ahora
Aunque la noticia comenzó a circular en octubre de 2026, las piezas fueron recuperadas durante los trabajos arqueológicos realizados en julio de 2024.
Desde entonces, materiales provenientes de las obras ferroviarias han sido trasladados a distintos laboratorios para su identificación, conservación y estudio. El INAH mantiene en Chetumal espacios especializados donde se analizan miles de elementos recuperados durante el proyecto.
Los 14 pendientes se encuentran actualmente resguardados en el Laboratorio de Zooarqueología en Chetumal, Quintana Roo.
Pequeños objetos capaces de reconstruir grandes historias
La arqueología no depende únicamente de pirámides, tumbas monumentales o esculturas gigantes.
En ocasiones, la información más reveladora aparece en piezas que podrían sostenerse entre dos dedos.
Determinar qué concha utilizaron los artesanos, de dónde provenía, cómo fue trabajada y por qué eligieron representar determinadas especies puede ayudar a reconstruir relaciones entre comunidades separadas por grandes distancias.
Los pendientes mayas de Campeche y Yucatán todavía están siendo estudiados, por lo que muchas respuestas permanecen abiertas.
Pero precisamente ahí está su importancia: catorce pequeñas ranas y sapos tallados hace más de mil años podrían revelar no solo cómo comerciaban los antiguos mayas, sino también cómo entendían el agua, la muerte, la agricultura y su relación con el mundo natural.