El telescopio mexicano que ayudó a fotografiar un agujero negro y ahora busca observarlo en movimiento
En la cima del volcán Sierra Negra, en Puebla, a casi 4,600 metros sobre el nivel del mar, México opera uno de los instrumentos astronómicos más importantes de su historia. Su enorme antena de 50 metros ayudó a producir la primera imagen de un agujero negro y, siete años después, continúa participando en experimentos que intentan observar cómo cambia ese entorno extremo con el paso del tiempo.
Se trata del Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM), una instalación binacional desarrollada por México y la Universidad de Massachusetts Amherst y operada por el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, INAOE. UMass lo describe como el telescopio de plato único orientable para longitudes de onda milimétricas más grande del mundo.
Su reflector principal mide 50 metros de diámetro y se encuentra en uno de los puntos más altos de México, donde la atmósfera contiene menos vapor de agua y permite detectar con mayor claridad determinadas señales procedentes del universo.
México formó parte de la primera imagen de un agujero negro
El 10 de abril de 2019, el mundo conoció una imagen que rápidamente se convirtió en uno de los símbolos de la astronomía moderna: un brillante anillo naranja alrededor de una región oscura.
Era M87*, el agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia Messier 87, aproximadamente a 55 millones de años luz de la Tierra y con una masa cercana a 6,500 millones de veces la del Sol.
La imagen no fue obtenida por un único telescopio.
El proyecto Event Horizon Telescope (EHT) sincronizó radiotelescopios distribuidos por distintos puntos del planeta mediante una técnica llamada interferometría de muy larga base. Al combinar sus observaciones, la red funciona como si existiera un telescopio virtual aproximadamente del tamaño de la Tierra.
El GTM mexicano fue una de esas piezas.
El INAOE lo calificó entonces como una instalación fundamental para el experimento por su ubicación geográfica, tamaño y sensibilidad.
Por ello, decir que “México fotografió un agujero negro” simplifica el proceso, pero contiene una realidad importante: datos obtenidos desde Puebla formaron parte de la observación internacional que hizo posible aquella imagen histórica.
Después llegó el agujero negro de nuestra propia galaxia
El trabajo no terminó con M87*.
En 2022, el Event Horizon Telescope reveló la primera imagen de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la Vía Láctea.
También en este caso participó el GTM.
Sagitario A* tiene una masa de aproximadamente cuatro millones de soles y se encuentra a unos 27,000 años luz de nuestro planeta.
Paradójicamente, aunque está muchísimo más cerca que M87*, resultó especialmente difícil de reconstruir porque el material que lo rodea cambia rápidamente mientras los telescopios están observándolo.
Ahora quieren pasar de la fotografía al video
En 2026, el telescopio mexicano volvió a participar en una nueva campaña internacional del EHT.
Esta vez el objetivo es todavía más ambicioso.
Entre marzo y mayo se realizaron observaciones de M87* dentro de la campaña MOVIE —Multi-Epoch VLBI Observations of M87 Intensity Evolution—*, que pretende obtener múltiples imágenes en diferentes momentos para estudiar el movimiento del plasma alrededor del agujero negro.
En términos sencillos, los investigadores quieren avanzar de una fotografía estática hacia algo parecido a una película del entorno de un agujero negro.
El GTM aporta una gran sensibilidad a esta red. El propio INAOE lo describe como una especie de “ancla” capaz de detectar señales extremadamente débiles gracias al enorme tamaño de su superficie colectora.
No se trataría de un video convencional captado por una cámara, sino de una secuencia reconstruida a partir de numerosas observaciones radioastronómicas.

Un gigantesco instrumento trabajando a 4,580 metros
Mantener operativo un telescopio de estas dimensiones no es sencillo.
El GTM se encuentra aproximadamente a 4,580 metros de altitud, cerca de la cima de Sierra Negra. Su antena debe conservar una enorme precisión pese a cambios de temperatura, viento y las condiciones extremas de alta montaña.
La altitud también condiciona el trabajo humano. Las labores técnicas requieren protocolos específicos porque a esa altura existe considerablemente menos oxígeno disponible que a nivel del mar.
La ubicación, sin embargo, es precisamente una de sus grandes ventajas científicas.
El telescopio observa principalmente radiación en longitudes de onda milimétricas, invisible para el ojo humano. Estas frecuencias permiten estudiar desde regiones donde nacen estrellas hasta galaxias extremadamente lejanas, polvo cósmico y los entornos de agujeros negros.
El otro desafío del GTM no está en el espacio
A pesar de sus logros científicos, el telescopio ha enfrentado durante años otro problema: cómo financiar permanentemente su operación.
Históricamente, buena parte de sus recursos no ha provenido de una partida presupuestaria propia y permanente, sino de proyectos, aportaciones extraordinarias y la colaboración con UMass.
Documentos oficiales del INAOE muestran que en 2025 fue necesaria una ampliación de 24 millones de pesos específicamente para mantener la operación continua del GTM.
Ese mismo año surgieron advertencias públicas sobre la sostenibilidad financiera del observatorio. La Secretaría de Ciencia señaló entonces que los grandes proyectos científicos podían recibir recursos extraordinarios fuera de las partidas ordinarias, mientras se discutían mecanismos para lograr un modelo más estable.
La preocupación continuó hacia 2026.
Sin embargo, el telescopio no está apagado actualmente. Al contrario: el INAOE confirma que continúa operando, realizó observaciones para el EHT durante 2026 y trabaja en ampliar sus capacidades científicas.
La propuesta: darle presupuesto propio
El propio INAOE reconoce que una prioridad de los próximos años es crear un Observatorio GTM con personalidad jurídica y presupuesto estable.
La intención es reducir la dependencia de apoyos temporales, incorporar nuevos socios internacionales y garantizar recursos para operación, mantenimiento y futuras actualizaciones tecnológicas.
También están previstas nuevas herramientas capaces de extender las observaciones hacia longitudes de onda submilimétricas y sistemas que permitan corregir en tiempo real pequeñas deformaciones de la enorme antena provocadas por gravedad y temperatura.
Un observatorio mexicano mirando los límites del universo
Desde Sierra Negra no se observa el universo como lo haría un telescopio óptico.
No existen fotografías convencionales saliendo directamente de aquella gigantesca antena.
El GTM escucha señales de radio extraordinariamente débiles, registra enormes cantidades de información y combina sus datos con observatorios separados por miles de kilómetros.
De esa colaboración surgió algo que durante décadas parecía imposible: ver por primera vez la sombra producida por un agujero negro.
Y ahora, mientras científicos intentan observar cómo se mueve el material alrededor de M87*, una parte de esos datos vuelve a salir desde una montaña en Puebla.
El desafío científico consiste en mirar cada vez más cerca del horizonte de eventos.
El desafío mexicano es otro: asegurar que uno de los instrumentos científicos más importantes construidos en el país tenga los recursos necesarios para seguir mirando.